19.10.05

Cruzando el desierto

Image hosted by Photobucket.com

A veces anda uno con la cabeza tan metida dentro de su propio culo que cuando se quiere dar cuenta, se encuentra perdido en medio del desierto. Desearía entonces volver atrás, pero el viento ha borrado todas las huellas. Sólo resta seguir caminando, rezar porque esa sed que no se apaga con nada no acabe con uno, y ser capaz de distinguir lo real de un simple espejismo.

El desierto es duro: de día te fríes de calor y de noche te mueres de frío. Y te sientes solo. Hubo tiempo –no hace mucho– en que yo mismo bromeaba con mi propia travesía por el desierto. Decía que llevaba tanto tiempo allí que había optado por montar un chiringuito, una especie de bar para gente que se sintiera igual de perdida que yo. Detrás de la barra, me hartaba de servir cóckteles a base de lágrimas, y todos juntos nos emborrachábamos de desgracias mientras veíamos el sol caer.

Es extraño: fue aquélla una época triste, pero no la cambiaría por nada. Aún hoy, cuando llego a casa después de un mal día, la arena que sueltan mis zapatos me recuerda de dónde vengo, y eso me da fuerzas para volver a sonreír.

No hay comentarios: